En otoño de 2015, me compré la cámara que sigo usando hoy en día. Para aprender a usarla, me apunté a un curso de dos horas por semana a lo largo de 4 o 5 meses. Hice miles de millones de fotos, las primeras en Cork, que es donde viví ese año. Ahora se me hace raro de pensar, pero las primeras fotos que hice eran en la calle. Normalmente eran domingos resacosos y lluviosos en los que daba paseos de tres o cuatro horas por la ciudad. Me daba -y me sigue dando- mucha vergüenza hacerles fotos a desconocidos, así que las fotos eran literalmente de la calle. Aceras mojadas, edificios abandonados y tráfico en movimiento. Henri Cartier-Bresson tiene una frase muy mítica: "Tus primeras 10,000 fotos son tus peores". Y no le faltaba razón. Es más, en el mundo digital podríamos multiplicar ese número por cuatro. Y sí, salvo alguna excepción, las fotos de esa época no son gran cosa. Pero me hacía una ilusión del copón. Ese año me veía una película al día como norma, por eso cuando salía ...
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